Merkel está lista para el cuarto mandato
Antonio Bronic/Reuters
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En el extranjero es criticada por su austeridad y en su país por timidez económica. Pero Angela Merkel da a los alemanes una sensación de creciente peso internacional.

Para los votantes alemanes, Angela Merkel hace lo correcto.

A medida que se acerca el décimo aniversario desde que asumiera el poder, la canciller aparece como irrefutable, liderando las encuestas de opinión tras una década de desempleo en descenso, un esfuerzo exitoso por equilibrar el presupuesto y un repunte del mercado de valores que ha superado a sus homólogos internacionales.

Sin embargo, cada vez más Merkel ofrece a los alemanes algo más que una vuelta al poderío industrial que se les escapó a sus predecesores inmediatos: una sensación de creciente peso internacional más allá de lo puramente económico que está alimentando el apoyo de votantes en el país incluso aunque genere tensiones en el extranjero.

Desde Atenas a Bruselas, en Ucrania y Rusia, Merkel ha proyectado los valores alemanes por toda Europa a la vez que adopta posturas de confrontación que los gobiernos posteriores a la Guerra Fría solían evitar. Esto se extiende a enfrentamientos con miembros de su grupo parlamentario sobre la concesión de más ayuda a Grecia.

La recompensa está a niveles cercanos a récords de apoyo nacional en mitad de su tercer mandato (un cementerio tradicional de líderes políticos incluyendo a Margaret Thatcher), incrementando la posibilidad de que alcance un cuarto en 2017.

«Merkel quiere definir más y más los términos y eso resuena en la sociedad alemana», dijo en una entrevista Daniel Hamilton, jefe del Centro para las Relaciones Transatlánticas en la Paul H. Nitze School of Advanced International Studies en Washington. A pesar de que está comprometida con el acuerdo europeo que creó el euro, «la impresión es que ella defiende los intereses alemanes y "lo que es correcto". Esto la ha sostenido mucho».

Las crisis mundiales, incluidas las conversaciones que duraban noches enteras sobre Ucrania y múltiples sesiones sobre el alejamiento del gobierno de Alexis Tsipras en Grecia, vuelven a dominar la agenda de Merkel tras la calma seguida a su reelección en 2013. También han intensificado la tensión y propagado la desunión en Europa entre resentimientos históricos y la división norte-sur del continente.

Angela Merkel, la canciller alemana, ya ha hecho historia como la primera canciller mujer y la primera que creció en la zona este de la Alemania excomunista

Junto con la descripción común en Grecia de Merkel y el Ministro de Finanzas Wolganz Schäuble como nazis, la última fase de la crisis ha visto cómo las redes sociales se movilizaban a favor de Tsipras y su coalición de izquierdas radical Syriza, predominantemente en detrimento de Merkel y Alemania.

Paul Krugman utilizó su blog del New York Times para arremeter contra Merkel por el «desastre» de Europa. En el Reino Unido, el escritor y activista político Owen Jones condenó a la canciller en el diario The Guardian como «el líder europeo occidental más monstruoso de esta generación». #ThisIsACoup (#EstoEsUnGolpeDeEstado) se convirtió en «trending topic» en internet cuando el desafío de Syriza a la corriente principal se consideró como supeditada al deseo de Merkel.

¿El impacto en los alemanes? Es más popular ahora de lo que lo era cuando derrotó a Gerhard Schöder en las elecciones de septiembre de 2005. Una encuesta de este mes muestra que su bloque obtendría la mayoría absoluta si se celebrasen ahora las elecciones, incitando a Torsten Albig, líder de estado socialdemócrata, a que sugiriese al partido de los cancilleres Schröder, Willy Brandt y Helmut Schmidt que no se molestasen en presentarse frente a Merkel en 2017.

Críticas «naturales»

«Las críticas - incluso las más duras - son una consecuencia natural de la creciente influencia de Alemania en Europa», ha dicho Sylke Tempel, editora jefe de la revista alemana sobre política Internationale Politik, en un comentario en la web European Leadership Network:

«Los alemanes parecen haber agarrado bien esta realidad, aceptando las críticas internacionales con ecuanimidad, incluso también con cierta sorpresa».

Con su objetivo declarado de mantener la zona euro bajo amenaza, Merkel desautorizó a Schäuble el pasado mes y reunió a los 19 países miembro para mantener a Grecia en la unión monetaria. En Ucrania rechazó a los políticos estadounidenses que abogaban por el envío de armas mientras que movilizaba a la Unión Europea para mantener las sanciones económicas a Rusia, aun a expensas de los exportadores alemanes.

«Ella constituye la base sobre la resolución del problema pro-europeo», dijo en una entrevista Alexander Stubb, ministro de finanzas de Finlandia y antiguo primer ministro y que conoce a Merkel de numerosas cumbres europeas. «Tan solo lánceselo a ella y de manera lenta pero segura encontrará una solución».

Mientras tanto ha mantenido a Francia, más débil económicamente, a su lado como aliado clave de Alemania. Tendió la mano al Reino Unido antes de la votación del país para decidir si debería permanecer en la UE y creó alianzas con miembros más pequeños de la UE como por ejemplo Eslovaquia. También ha demostrado públicamente su apoyo a los Balcanes frente a las maniobras de Vladimir Putin de reafirmar la influencia rusa en la región.

«Merkel se encuentra en el pináculo de su poder», ha dicho Jan Techau, jefe de la oficina de la Fundación Carnegie en Bruselas. Ella simboliza «la barrera segura entre Alemania y el mundo feo de fuera y esto es lo que quieren los alemanes».

Desde Atenas a Bruselas, en Ucrania y Rusia, Merkel ha proyectado los valores alemanes por toda Europa a la vez que adopta posturas de confrontación que los gobiernos posteriores a la Guerra Fría solían evitar.

Existen peligros de lo que a veces parece omnipotencia: Los líderes empresariales de Alemania se quejan de que la mayor economía de Europa está sofocándose bajo su liderazgo reacio al riesgo. Las inversiones en infraestructuras se quedan cortas, su decisión abrupta de cerrar gradualmente la producción de energía nuclear en favor de las fuentes de energía renovables está en marcha, mientras que la falta de un sucesor claro amenaza con un vacío de poder en el centro de Europa.

Cuando se le preguntó en una entrevista con la televisión alemana ZDF el domingo si el daño duradero ha sido causado por la postura de Alemania en Grecia, Merkel se encogió de hombros ante la controversia.

«Por un lado hay respeto. Por otro lado, se nos pide que nos pongamos en el lugar de otros», dijo la canciller. «Pero no tengo la impresión de que estuviésemos aislados».

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