Por qué Putin retira fuerzas militares de Siria
Maxim Shemetov / ITAR-TASS
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El lunes, el mismo día en el que las conversaciones de paz de Siria se reanudaron en Ginebra, el presidente ruso Vladimir Putin hizo un anuncio sorprendente: Iba a comenzar a retirar inmediatamente las «principales» fuerzas rusas de Siria, casi seis meses después de su primera intervención en la guerra.

¿Qué quería Putin en Siria y cómo lo obtuvo?

Por todo el lenguaje radical que Putin empleaba para hablar sobre Siria, sus objetivos siempre parecían bastante bien delimitados:

  1. Evitar la caída del líder sirio Bashar al-Assad.
  2. Ganar algún tipo de influencia política para Rusia en las conversaciones de paz.

Hay una tendencia extraña en Occidente de tratar a Rusia como si fuera una superpotencia resurgente que está intentando dominar de forma aterradora en el mundo. Sin embargo, en Moscú el poder de Rusia se considera que es mucho más limitado. A menudo tiene como objetivo mantener lo poco que queda de la influencia global de Rusia, y ese parecía ser el caso en Siria.

Rusia tiene bases militares en un solo país fuera de la antigua Unión Soviética, y ese país es Siria. Militar y políticamente, Siria es su punto de apoyo para la influencia en Oriente Medio y, en menor grado, en el Mediterráneo. Por eso, cuando parecía que el líder sirio Bashar al-Assad iba a caer, Moscú se mostró desesperado por apoyarlo.

En eso, Putin tuvo éxito. La intervención de Rusia, junto con una intervención iraní de aún más envergadura, ayudó a Assad a tomar de nuevo suficiente territorio para seguir siendo viable. No obstante, el territorio no es suficiente como para que Assad tenga alguna esperanza de ganar la guerra.

Por lo tanto, Rusia sí que ayudó a cambiar el curso de la guerra, aunque vale la pena señalar que la guerra de Siria desde el principio ha oscilado entre los avances rebeldes y los avances de Assad. Siria es un punto muerto con una intervención exterior pesada, lo que significa que las dos partes están constantemente en aumento de lucha la una contra la otra.

La intervención de Rusia parecía algo dramáticamente diferente, porque es Rusia. Sin embargo, otros países, incluyendo estados como Arabia Saudita y Turquía que respaldan a los rebeldes, han estado interviniendo en Siria desde hace años, dándole impulso de la guerra de una manera u otra.

Hay que señalar que ninguna intervención (ni siquiera la de EE. UU.) ha sido suficiente como para solucionar el problema central con la guerra de Siria: Es un punto muerto, lo que significa que la lucha continuará durante años y en detrimento de todo el mundo, a menos de que haya un acuerdo negociado de paz.

Esto nos lleva al segundo objetivo de Putin en Siria: tener un papel lo suficiente importante en la guerra de Rusia como para ganar un asiento en la mesa de negociación y de este modo garantizar que Moscú tenga la oportunidad de presionar en función a sus intereses en cualquier acuerdo final de paz.

Justo antes de que Rusia interviniera, hubo una fuerte indicación de que Rusia estaba perdiendo influencia en el gobierno sirio, que se vio dominado cada vez más por la creciente presencia de Irán en Damasco. De hecho, algunos informes sugieren que Assad incluso dio la bienvenida a la intervención de Rusia para contrarrestar la influencia iraní. Aunque Rusia e Irán son aliadas en esta guerra, también compiten por la influencia regional.

Pero ahora nadie, ni en Damasco y ni en Ginebra, puede negar que Rusia es un actor importante en la guerra de poder sirio. Tiene que formar parte de las conversaciones de paz. Rusia tiene su asiento en la mesa, que se puede utilizar para garantizar que conserva sus bases militares en Siria y sus contactos de alto nivel en el ejército sirio.

Por qué Putin retira fuerzas militares de Siria
Buk-M2, Sergei Fadeichev / TASS

¿Por qué Rusia se retiraría ahora?

El momento habla de esto: Las conversaciones de paz acaban de retomarse. Por primera vez, quizás la primera vez en la historia, las conversaciones de paz de Siria parecen ir por buen camino, aunque tampoco hablaría de que son esperanzadoras o particularmente viables.

Esto se debe a que Siria ha estado experimentando con un alto el fuego recientemente, y aunque ciertamente ha habido violaciones y el alto el fuego es muy frágil y podría colapsar en cualquier momento, se ha producido una drástica caída de la violencia. Esto ha salvado muchas vidas, se ha admitido el acceso humanitario a las zonas fuera de los límites y las negociaciones de paz se han vuelto un poco más reales.

Este es un buen momento para que Moscú dé un paso atrás. Rusia ya ha alcanzado sus objetivos inmediatos, por lo que gana poco luchando más. El status quo es aceptable para Putin y para utilizarlo como base de las negociaciones.

No obstante, lo que podría ser mucho más importante es la señal de Rusia a Siria en este punto.

Rusia ha demostrado una y otra vez que tiene una influencia muy limitada sobre el régimen de Bashar al-Assad, que ha demostrado ser imprudente al aumentar la lucha incluso en momentos que eran estratégicamente imprudentes. Si Moscú quiere congelar el status quo en Siria, tiene que convencer a Assad para negociar de buena fe y no romper el alto el fuego.

Por lo tanto, Putin tiene que hacer algo más que decirle a Assad que intente por fin lograr la paz: tiene que forzarlo. Rusia, mediante la eliminación de alguna parte significativa de su fuerza militar en Siria, debilita a Assad, y por lo tanto, hace que la negociación sea más atractiva. Si no cree que Putin pueda amenazar a su propio aliado, tenga en cuenta que a Assad supuestamente se le notificó sobre la decisión de Putin hoy.

Según algunos analistas, la estrategia más sabia de Putin sería eliminar las fuerzas de tal manera que Assad se sienta presionado para negociar un acuerdo de paz. No obstante, mantendría una participación militar suficiente en Siria con el fin de disuadir un aumento de las fuerzas anti-Assad (Arabia Saudita, EE. UU.), con la amenaza implícita de que Rusia se pondría a su nivel volviendo a intervenir. Esto de hecho parece ser lo que Putin está haciendo.

Los costes de la aventura Siria de Rusia superan a los beneficios

Vladimir Putin parece estar diciendo misión cumplida en Siria, ya que ha logrado sus dos objetivos inmediatos, aunque no especificados, en Siria. Se trata de una victoria superficial con algunos contratiempos importantes.

Putin ha fracasado en sus dos objetivos declarados en Siria: conseguir la victoria militar de Assad y dirigir una coalición mundial contra los extremistas de Siria.

Una coalición global de este tipo, que Putin pidió el año pasado en su primer discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas en una década, no solo garantizaría los intereses de Rusia en Siria, sino que acabaría con el aislamiento de Rusia en el Oeste, un problema mucho más costoso para Rusia, y mucho más importante para Putin que cualquier cosa que pudiera suceder en Siria.

Assad todavía no puede ganar en Siria y Rusia todavía está aislada de Occidente, que nunca respondió a sus peticiones implícitas para lograr un gran acuerdo en el que Occidente aceptara su ayuda en Siria y perdonara sus acciones en Ucrania. Su retirada de Siria ahora (de nuevo, en caso de que suceda) es, pues, una declaración de derrota tanto como una declaración de victoria.

Siria tampoco ha resultado ser la victoria política interna que Putin podría haber esperado. En 2014 intervino en Ucrania, lo que resultó ser tan popular entre los rusos que los índices de aprobación de Putin se dispararon, algo que no solo sentó bien a Putin a nivel personal, sino que podría haber ayudado a su régimen a sobrevivir a una recesión económica agobiante.

No obstante, la euforia de Rusia sobre Ucrania acabará inevitablemente por desvanecerse, y la economía rusa sigue siendo un incendio de basura, por lo que si Putin quiere sentirse seguro en su gobierno necesita ofrecer otra gran victoria política. Siria nunca fue la misma. El apoyo público a la guerra fue inicialmente bajo, y si bien mejoró más tarde, nunca fue tan popular como en Ucrania. Los medios estatales rusos, a menudo un buen referente del pensamiento del Kremlin, dan una imagen de la guerra como una victoria, pero también como si estuviera llegando a su fin.

A pesar de su dificultad, Rusia ha vuelto al status quo de 2014, cuando su aliado Bashar al-Assad no estaba ni ganando ni perdiendo en Siria; cuando Rusia, con el hundimiento de su economía y menor influencia, fue aislada y sancionada por el oeste; y cuando Putin tenía solo una guerra exterior de la que preocuparse.

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