Los golpes de Estado no reducen el crecimiento económico
Murad Sezer/Reuters
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Tras el reciente acontecimiento en Turquía, los inversores se preguntan cómo podría afectar un golpe de Estado fallido en el futuro económico del país.

A medida que la situación en Turquía comienza a normalizarse, los inversores se preguntan que podría suponer el golpe de Estado fallido para el futuro económico del país. Las noticias muestran que hay muchos elementos contradictorios en juego y, en este momento, es difícil hacer afirmaciones específicas y constatables acerca de lo que al país le puede esperar. Sin embargo, podemos recurrir al registro histórico más amplio, que sugiere que los golpes de Estado fallidos contra gobiernos democráticos no reducen mucho las subsiguientes tasas de crecimiento económico en esos países.

El profesor adjunto y economista Erik Meyersson del Instituto Estocolmo para las Economías en Transición ha realizado el análisis más exhaustivo sobre esta cuestión, en un documento de trabajo de 2016 titulado “Political Man on Horseback Coups and Development”. Sus datos nos permiten considerar los golpes de Estado en autocracias frente a los golpes en democracias, además de los golpes de Estados exitosos frente a los fallidos desde 1955 a 2001. El punto de corte inicial es necesario para estimar los efectos que tienen los golpes en el crecimiento posterior de un país.

En las autocracias, los golpes de Estado exitosos suelen mejorar la situación económica, tal vez mediante la sustitución de un líder incompetente o malévolo. Sin embargo, en los países democráticos un golpe de Estado exitoso se asocia con menores tasas de crecimiento per cápita en un promedio de 1 a 1,3 puntos porcentuales por año durante los próximos diez años. Por lo general, estos golpes anulan las reformas económicas beneficiosas, especialmente para el sector financiero.

Cuando un golpe de Estado hace derrocar a un gobierno elegido democráticamente, suele traer a un líder militar y cambios significativos en la política, y por lo general no para mejor. Existen correlaciones a largo plazo de este tipo de golpes exitosos contra las democracias con una menor inversión, una menor escolarización y una mayor mortalidad infantil.

El reciente golpe de Estado en Turquía fracasó en menos de 24 horas y para los golpes fallidos en países democráticos los resultados históricos más generales son bastante diferentes. De hecho, son difíciles de distinguir de los efectos de no crecimiento económico en absoluto. Dadas las diversas imprecisiones de las estadísticas, esto no demuestra que los golpes fallidos no tendrán efectos sobre el crecimiento económico, pero se puede decir que los números no nos proporcionan ninguna razón clara para estar preocupados, al menos no durante el horizonte temporal de 10 años elegido por Meyersson. Esta puede ser una razón por la cual los mercados de activos no parecen estar alarmados por el intento de golpe de Estado de Turquía.

Sin duda, existen algunos posibles o incluso probables efectos a corto plazo de la reciente agitación, tales como el descenso del turismo o de la inversión extranjera. Aun así, los datos en su conjunto muestran que los fundamentos a largo plazo de las democracias con golpes de Estado fallidos tienden a reafirmarse dentro del horizonte temporal de 10 años y esas interrupciones a corto plazo acaban importando menos de lo que puede que pensemos.

Por lo general, los golpes de Estado en democracias y los golpes en autocracias tienen consecuencias diferentes. En una autocracia, un golpe de Estado es a veces una forma normal o aceptada de cambiar el poder de unas manos a otras. Sin embargo, cuando un golpe tiene éxito en un país democrático, es una señal de que las instituciones normales para la transición de poder son disfuncionales y, el golpe es también una señal de que no se pueden arreglar fácilmente. Por tanto, un golpe de Estado en una democracia es un acontecimiento más significativo, al menos para el crecimiento económico, y por eso, es especialmente importante que dicho intento fracase.

Cuando un golpe de Estado fracasa en una democracia, hay dos señales contradictorias. La noticia negativa es que se pensara que un golpe de ese tipo fuera posible. La noticia más positiva, al menos para la estabilidad, es que el gobierno democrático era realmente capaz de hacer retroceder a la rebelión, como de hecho fue el caso en Turquía. Al menos por lo general, parece que hay un efecto de equilibrio aquí.

Un mito sobre los golpes de Estado es que le siguen largos periodos de declive económico. Esto suele suceder en los golpes en autocracias, pero no en democracias. En todo caso, tras los golpes en países democráticos suelen tener lugar períodos de crecimiento económico significativo (aunque a veces con una crisis al final). Ese fue el caso del golpe de Estado chileno de 1973 y también el del golpe turco de 1980. En los últimos tiempos, Turquía ha estado creciendo a un ritmo de alrededor de un 4 por ciento, un rendimiento prácticamente lamentable.

La evaluación económica no refleja todos los efectos sociales y políticos de los golpes de Estado, que incluyen, por ejemplo, la influencia de la religión, el sexo, los sistemas jurídicos, la posición internacional, y muchas otras variables. Además, es imposible evaluar a todos los países con los mismos parámetros: lo que es cierto para otros países en los que se han producido golpes de Estado, no será necesariamente cierto para Turquía actualmente. Sin embargo, si estamos buscando una razón para sentir un poco de tranquilidad, el estudio de Meyersson puede darnos un poco de consuelo en lo que es un momento inquietante tanto para Turquía como para la región en su conjunto.

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