La caída del Estado Islámico: ¿Por qué la victoria sobre los terroristas no va a salvar Irak?
AP Photo/Felipe Dana
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Incluso antes de que la batalla esté ganada, las esperanzas de un nuevo amanecer para Irak se están desvaneciendo.

Se han ordenado fuegos artificiales y se han programado fiestas en las calles. El gobierno iraquí ha organizado una semana de celebraciones que conmemoran la caída del autoproclamado califato de Abu Bakr al-Baghdadi. Tres años después de tomar el control de las llanuras aluviales del Tigris y el Éufrates, el Estado Islámico, que ha declarado tantas víctimas en el noroeste de Iraq, Siria y fuera de sus límites, finalmente está muriendo. Las fuerzas americanas lideradas en Siria rompieron los antiguos muros de la capital del Estado Islámico, Raqqa, el 4 de julio. En Mosul, Iraq, todo menos las últimas calles de la Antigua Ciudad volvieron a estar en manos del gobierno según publicó The Economist el 6 de julio.

Pero será difícil encontrar un escenario a partir del cual celebrar la liberación de Mosul. Entre ellos, el ISIS y la coalición han destruido demasiados santuarios y mezquitas como para dejar un valor histórico, incluida la mezquita al-Nuri que data de los tiempos de las Cruzadas en los que Baghdadi se proclamó califa. Ya ha desaparecido el barrio judío, los mercados con sus monasterios y los balcones de celosía y las sillerías esculpidas en otra ciudad suní más de la ruta de la seda. “Con vistas al Tigris, no podría haber un lugar más noble y precioso donde asentarse”, según mencionaba extasiado Ibn Jbaryr, un escritor de libros de viajes español que visitó el lugar en el siglo XII. Por un lado bombas explosivas y por el otro proyectiles. Casi la mitad de los barrios del oeste de Mosul han sido destruidos, incluida gran parte de la Antigua Ciudad, según aprecia un observador extranjero, puede que unas 20.000 casas en total. “Como Dresden”, se oía murmurar a un general americano que merodeaba por las ruinas.

Se percibe un olor a putrefacción en el caluroso ambiente. Los cámaras que entraban en el meollo de la Antigua Ciudad volvían con largos metrajes de cuerpos de jóvenes y viejos que yacían bajo las mantas en salones durante días. Muchos más quedan enterrados bajo los escombros. Miles atrapados en los callejones que el ISIS todavía conserva, no tienen agua ni comida. Los soldados iraquíes que mantienen el estado de sitio impiden a las fuerzas de ayuda que proporcionen comida a las personas que están dentro.

Poco duraron las anteriores batallas en la ciudad. En 1918 y 2003, la oposición se desvaneció cuando las fuerzas británicas y las americanas entraron respectivamente. Incluso en la primera batalla en el este de Mosul, los combatientes del ISIS cedían un barrio tras otro, y se retiraban al oeste sobre el río Tigris y hacia Siria. Pero asediados en su refugio del oeste, no tienen ningún sitio a donde ir. Al contrario que durante la caída de Alepo ante el régimen de Assad anteriormente durante este año, nadie ha negociado un avance seguro en las últimas etapas de la batalla. La lucha continúa de calle en calle.

La operación de limpieza servirá realmente para decidir si el gobierno iraquí ganará la guerra además de la batalla. El éxodo de Mosul ha cumplido la peor de las predicciones posibles de las Naciones Unidas. Alrededor de 900.000 habitantes de los dos millones de población que integran la ciudad, han sido desplazados; 700.000 no tienen todavía casa.

El primer ministro, Haider al-Abadi, quiere que la gente vuelva a sus hogares cuanto antes, pero las Naciones Unidas afirman que 200.000 personas no tienen dónde ir. La mayoría de ellas proceden de barrios pobres, como la Antigua Ciudad, de donde el ISIS reclutó a muchos de sus miembros. Habiéndose esparcido por todo Irak, ahora pueden extender su furia por todo el país. También hay operaciones de reconstrucción que están avanzando lentamente.

Seis meses después de su liberación el lado este continúa con un corte de electricidad. Las Naciones Unidas están cubriendo las necesidades de agua con 6 millones de litros diarios. Las escuelas se han reabierto rápidamente pero el júbilo inicial se ha convertido en abatimiento entre los profesores que, seis meses después, siguen sin cobrar su salario. La universidad de Mosul, que en otro momento albergaba la mejor facultad de ingeniería de la región, yace destruida y abandonada.

La coalición lo tendría que saber mejor. En 2003 las fuerzas americanas se durmieron en los laureles tras su carrera hacia Bagdad, lo que permitió a los insurgentes llenar el hueco. Hicieron lo mismo después de derrotar a al-Qaeda en 2007. Pero una vez más, la reconstrucción es una perspectiva lejana. Los ministros iraquíes calculan que la rehabilitación de las áreas liberadas del ISIS costará 100.000 millones de dólares, que es en general la cantidad que ellos y los americanos gastaron en la guerra. Pero el gobierno está arruinado. Se dice que los Estados del Golfo suníes están pensando en implicarse pero no han ayudado prácticamente en nada. Se ha publicado que el Banco Mundial ha prometido 300 millones de dólares. Alemania ofrece 500 millones de euros (570 millones de dólares). Las conversaciones mantenidas por la coalición sobre un plan de reconstrucción que durará diez años, cuyo comienzo está previsto en Washington el 10 de julio, podría ayudar un poco. Pero, según un proverbio árabe, las promesas son las nubes y los hechos la lluvia.

Aunque se consiguiera el dinero, el suministro y los contratos llevarán tiempo.

“Se tardará un año en ver algún resultado”, afirma Ammar Shubbar, un economista iraquí. “Y serán parches - se mejorarán las aguas residuales aquí y allá”.

Casi un año después de tomar Qayyarah al sur de Mosul, el gobierno de Irak tiene que reconectarla aún a la red eléctrica. General Electric, una compañía americana que adquirió el contrato, afirma que todavía está intentando negociar la financiación. Un empleado de GE comenta que el peligro y la corrupción están obstaculizando aún más las esperanzas de la compañía de volver a entrar en Mosul. Y la reconstrucción material es solo una parte del trabajo. Más perturbador que los niños que chillan en medio del bombardeo que les rodea, es ver a aquellos que apenas se inmutan.

El alivio inicial en Mosul por la liberación del terror reinante con el Estado Islámico, ya se ha tornado en quejas. Según los residentes, el ISIS gestionaba los servicios y la recogida de basura con mayor éxito. Reparaban los baches de las carreteras con más rapidez y mantenían la electricidad sin cortes de suministro.

“¿Por qué nos abandonó el gobierno iraquí al ISIS en 2014 y volvió solo para destruir nuestra ciudad?” pregunta un licenciado de la Universidad de Mosul.

Los locales todavía informan de atacantes ocultos y de paquetes sospechosos al gran despliegue de fuerzas de seguridad en la ciudad. Tras un respiro de varios meses, las celdas en reposo están siendo reabiertas en el este de la ciudad. Las bombas suicidas han reaparecido. En el espacio de una semana durante el pasado mes, fueron asesinados tres mukhtars (elegidos en árabe), o veteranos del barrio.

Algunos prevén la vuelta de una leve insurgencia parecida a la que hubo antes de que el ISIS se hiciera con el control en junio de 2014. Después de todo, aunque Irán y Rusia afirman que Baghdadi está muerto, su organización aún ocupa franjas de territorio (de escasa población) a ambos lados de la frontera sirio-iraquí.

Sin embargo, los vestigios del ISIS puede que sea en todos los sentidos uno de los problemas menores a los que se enfrenta Irak. Los exultantes ejércitos y las milicias ocupan ahora las tierras que anteriormente fueron tomadas por el califato. Una generación de jóvenes iraquíes se ganan actualmente la vida combatiendo el ISIS; ahora pueden cumplir sus propias ambiciones.

Al evitar la confrontación en su ataque al ISIS, América y sus aliados se enfrentan con Irán y sus aliados al otro lado de la frontera al sureste de Siria. En Irak se avecina otra lucha similar. Mientras tanto, los políticos iraquíes discuten, en gran medida confinados a la Zona Verde, la ciudad amurallada que conforma el corazón de Bagdad. Hasta ahora no hay grandes signos del nuevo amanecer que la caída del ISIS debería traer.

Fuente: The Economist

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