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Si la luna no le pertenece a nadie, ¿puede cualquiera ganar dinero allí?

Gracias al Tratado sobre el Espacio, la carrera armamentística nuclear entre Estados Unidos y la URSS no fue más allá de la Tierra. Pero ahora se ha convertido en un obstáculo para proyectos innovadores.

Desde el Complejo de Lanzamiento 17 de la Estación de la Fuerza Aérea de Cabo Cañaveral se han lanzado muchas de las misiones robóticas planetarias de la NASA. Pronto, las dos enormes torres que una vez acunaron los cohetes Delta 2 serán derribadas. Su lugar será ocupado por un nuevo inquilino: Moon Express, una pequeña empresa con grandes ambiciones.

El próximo año, la empresa, que solo cuenta con 30 empleados, pretende convertirse en la primera entidad privada en poner un pequeño módulo de aterrizaje robótico en la luna y quizás ganar 20 millones de dólares en el concurso del Premio Lunar X de Google. Ha invertido al menos 1,85 millones de dólares para renovar las instalaciones, que ya tienen unas cuantas décadas. La empresa está transformando un aparcamiento en un paisaje lunar en miniatura, y también construirá un laboratorio de ingeniería, un centro de control de vuelo y un lanzador experimental.

Moon Express no necesitaría todas estas instalaciones si su único objetivo fuera ganar el Premio Lunar X. Su segunda nave espacial tiene como objetivo aterrizar cerca del polo sur de la luna en 2019. Una tercera nave espacial más grande planea recoger muestras y luego traerlas de vuelta a la Tierra en 2020. La última vez que esto fue posible fue en 1976, cuando una nave soviética trajo muestras de suelo lunar a la Tierra.

Pero estos planes casi se interrumpieron hace un par de años, no por problemas tecnológicos o carencias financieras, sino por un acuerdo internacional conocido como Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre, que este año celebra su 50º aniversario.

Dicho tratado detalla lo que los países pueden y no pueden hacer en el espacio. Su principal logro fue impedir que la carrera armamentística nuclear entre Estados Unidos y la Unión Soviética se expandiera al espacio.

Sin embargo, existe la posibilidad de que este acuerdo ahora suponga un obstáculo en el camino de los empresarios que planean expandir sus negocios más allá de la Tierra.

Si la luna no le pertenece a nadie, ¿puede cualquiera ganar dinero allí?

"Antes era algo realmente hipotético", dijo Fabio Tronchetti, profesor de derecho del Instituto de Tecnología Harbin de China. "Pero ahora hay grupos que se lo están tomando en serio. Esto lo cambia todo".

Robert D. Richards, el director ejecutivo de Moon Express - cuyo plan de negocios consiste en "expandir la esfera económica de la Tierra a la luna y más allá" - no es el único empresario que busca oportunidades de negocio más allá de nuestro planeta.

Elon Musk, el multimillonario fundador de SpaceX, proclama audazmente que su empresa empezará a enviar colonos a Marte dentro de 10 años. Jeffrey P. Bezos, el fundador de Amazon, está utilizando parte de su fortuna para financiar su empresa de cohetes Blue Origin, y predice que millones de personas vivirán y trabajarán en el espacio en el futuro.

Estas empresas son pioneras en sus negocios, y sus actividades plantean cuestiones que casi no se abordaron en el Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre. ¿Qué tienen derecho a hacer las empresas privadas en el espacio? ¿Pueden extraer minerales en la luna o un asteroide y luego venderlos? ¿Cómo regularán esta actividad los gobiernos de los países?

A nivel internacional, los países han estado discutiendo cómo responder a estas preguntas. En Estados Unidos, el Congreso ha empezado a abordar cuestiones regulatorias. Algunos advierten que si Estados Unidos no establece políticas favorables a las empresas, las startups podrían trasladarse a otros lugares, como Luxemburgo.

Cambios a toda prisa

El Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre - oficialmente el Tratado sobre los principios que rigen las actividades de los Estados en la exploración y utilización del espacio ultraterrestre - declara que "la luna y otros cuerpos celestes serán utilizados por todos los Estados participantes en el tratado exclusivamente con fines pacíficos".

Si la luna no le pertenece a nadie, ¿puede cualquiera ganar dinero allí?

Este tratado también prohíbe a los estados apropiarse de cualquier parte del sistema solar y proclamar la soberanía sobre ellos.

Moon Express se ha topado con un muro burocrático, ya que, según el acuerdo, cualquier actividad de las organizaciones no gubernamentales - incluso comercial - "requerirá autorización y supervisión continua por parte del Estado". (Estados Unidos insistió en este punto a pesar de la posición de la URSS, que argumentó que la exploración espacial solo puede ser llevada a cabo por organizaciones gubernamentales).

"Teníamos una misión planeada, atrajimos inversores, pero no teníamos una salida a finales de 2015", declaró el Dr. Richards durante una audiencia de la comisión del Senado en mayo. "No había nadie que no quisiera decir que sí. No había ningún mecanismo para hacerlo".

La Administración Federal de Aviación autoriza el lanzamiento de cohetes y la reentrada de naves espaciales comerciales desde órbita para garantizar la seguridad de las personas en tierra. La Comisión Federal de Comunicaciones regula los satélites de comunicaciones y el Departamento de Comercio regula los satélites comerciales de teledetección.

Sin embargo, el gobierno de Estados Unidos todavía no cuenta con una estructura que pueda emitir un permiso o monitorear un proyecto tan innovador como el aterrizaje de una nave espacial privada en la Luna. Moon Express pasó casi un año negociando con la FAA, el Departamento de Estado y otras agencias para asegurarse de, en palabras de Robert Richards, "poner un parche temporal", aprovechando la autoridad de la FAA de revisar las cargas útiles de los cohetes con el fin de conseguir la aprobación esperada por Moon Express.

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Sin embargo, al anunciar la FAA su decisión, esta dijo que la aprobación únicamente era aplicable a este lanzamiento de Moon Express, y que ni siquiera Moon Express podía contar con un resultado favorable en el futuro.

Moon Express ya ha comenzado a negociar con la FAA el segundo vuelo al polo sur de la luna, y Richards está convencido de que este parche temporal en la legislación permitirá a la empresa realizar con éxito los 3 lanzamientos previstos.

Pero si el Congreso y el presidente no encuentran una solución mejor, Moon Express, SpaceX, Blue Origin y el resto de la industria emergente podrían toparse con más barreras burocráticas, y las compañías podrían empezar a buscar otros lugares en los que establecer su negocio.

El Dr. Richards ha dicho que se muestra optimista:

"Todos nosotros entendemos que hay un riesgo, pero estamos seguros de que el gobierno de Estados Unidos aprobará una ley que permitirá que hagamos esto y mucho más", dijo durante una visita a la sede de su empresa en Florida en octubre.

Allanando el camino hacia los asteroides

Planetary Resources es otra startup espacial, una pequeña empresa ubicada en un parque de oficinas fuera de Seattle. Sus primeros inversores fueron Larry Page, cofundador de Google, y Charles Simonyi, exarquitecto jefe de software de Microsoft. Además, la empresa recibe ayuda financiera del Gran Ducado de Luxemburgo.

El objetivo de Planetary Resources es minar en los asteroides del sistema solar. Luxemburgo, una nación más pequeña que Rhode Island con una larga historia en minería, ha invertido 200 millones de euros - más de 225 millones de dólares - en esta industria que todavía no existe, incluyendo 28 millones de dólares en Planetary Resources. A cambio, Luxemburgo posee una participación del 10% de la empresa, dijo Etienne Schneider, viceprimer ministro del país.

En abril, el príncipe heredero de Luxemburgo, su esposa y una delegación del gobierno visitaron las instalaciones de Planetary Resources vestidos con trajes blancos, guantes, gorros y botines azules con el fin de conocer de cerca el lugar donde la empresa está montando estos pequeños satélites.

En junio, Schneider regresó a Estados Unidos y celebró un simposio al que asistieron muchos banqueros y capitalistas de riesgo. Esto envió al mundo el mensaje de que invertir en compañías aeroespaciales privadas es una inversión de capital creíble.

Un informe de Goldman Sachs sobre las empresas espaciales innovadoras que apareció en primavera parecía estar de acuerdo. "La minería espacial podría ser más realista de lo que se cree", dice el informe. "Aunque psicológicamente hablando la perforación de asteroides presenta dificultades, desde un punto de vista financiero y técnico es muy factible".

En la presentación de Nueva York, Schneider admitió que la minería en asteroides suena como algo sacado de la ciencia ficción, y que le suelen preguntar por qué Luxemburgo se gasta tanto dinero en esto.

Schneider dijo que durante una visita a Silicon Valley en 2012, se reunió con Simon Pete Warden, quien en ese momento dirigía el centro de investigación de la NASA Ames, y este le sugirió que Luxemburgo debería participar en la minería de asteroides.

“En ese momento le escuché y me pregunté si se había fumado algo", dijo Schneider.

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Sin embargo, las discusiones e investigaciones le convencieron de que esta era una posibilidad prometedora.

Para Planetary Resources, la primera etapa de desarrollo culminará en 2020 con una nave espacial en forma de donut que viajará en una misión de prospección a un asteroide cercano a la Tierra.

Algún tiempo después, la compañía planea continuar minando, donde encontrará en un principio hielo ordinario. Sin embargo, el hielo no solo puede convertirse en agua para los astronautas, sino también en una fuente de hidrógeno y oxígeno. Ambos gases se pueden usar como combustible para cohetes y oxígeno, por supuesto, también para respirar.

Si hablamos del atractivo comercial, Planetary Resources espera que cuando consiga extraer hielo de un asteroide, habrá un comprador de agua, hidrógeno y oxígeno, por ejemplo, la misma NASA.

Eventualmente, la compañía pretende extraer platino, actualmente valorado en más de 900 dólares la onza, así como otros metales preciosos.

Para facilitar estas actividades, Luxemburgo aprobó un derecho espacial que entró en vigor este verano. Planetary Resources ha abierto su sucursal europea en este país. Todo esto obliga a los legisladores estadounidenses a desarrollar leyes más activas que regulen las actividades de las compañías espaciales privadas.

Revisión del derecho espacial

Las ambigüedades del Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre crean actualmente incertidumbre sobre si alguien puede beneficiarse de esas iniciativas comerciales. El artículo II en particular dice: "El espacio ultraterrestre, incluyendo la luna y otros cuerpos celestes, no están sujetos a apropiación nacional por reivindicación de soberanía, por uso u ocupación, o por cualquier otro medio".

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Si a Estados Unidos se le prohíbe apropiarse de un cuerpo celeste, ¿se le permitirá a una compañía privada apropiarse de un mineral extraído de un cuerpo celeste? El Tratado de la Luna, finalizado en 1979, declaró que todos los recursos espaciales deberían ser compartidos entre todas las naciones, pero la mayoría de los países, incluidos Estados Unidos, nunca lo firmaron o ratificaron.

Hace dos años, el Congreso aprobó y el presidente Obama firmó una ley según la cual las empresas privadas pueden poseer y vender lo que extraigan, aunque, siguiendo el lenguaje del Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre, estas no pueden reclamar la propiedad del propio cuerpo celeste.

Este año, el Congreso está revisando de nuevo el Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre con la esperanza de impulsar a las compañías espaciales nacientes que buscan hacer sus negocios en el sistema solar.

Los republicanos del Congreso dicen que el nuevo programa espacial debe ser implementado, "libremente y sin restricciones, con el mismo espíritu con el que se han desarrollado proyectos innovadores en Internet". En la primavera, el Comité de Ciencia y Tecnología reunió estas propuestas en un solo proyecto de ley y las envió al Congreso para su consideración.

Después, la oficina para el uso comercial del espacio cuenta con 60 días para aprobar o rechazar el proyecto espacial presentado por una empresa en particular. La Cámara de Representantes aún no ha aprobado este proyecto de ley para su consideración, y el Senado está trabajando en su redacción.

Los representantes de Moon Express y Planetary Resources afirman que no pretenden gozar de libertad ilimitada en el espacio, ni pretenden retirarse del Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre.

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"Queremos que el espacio sea un entorno poblado por personas con un sentido de responsabilidad", dijo Peter Márquez, vicepresidente de compromiso global de Planetary Resources. "Si esto se convierte en el Salvaje Oeste, donde cada uno hace lo que quiere, la situación acabará yendo en contra de los principios del Tratado del Espacio Exterior".

Estas empresas quieren que la regulación se implemente sin obstáculos innecesarios y esperan que el gobierno de Estados Unidos se solidarice con ellos en este tema. Según Richards, una vez que el precio del transporte baje, se abrirán más oportunidades de negocio.

Durante miles de millones de años han caído tantos asteroides en la luna, que esta debe estar llena de platino y otros metales preciosos. La corteza lunar contiene helio-3, formado como resultado de la irradiación con el viento solar, y que en el futuro se podría extraer para obtener energía.

Las naves no tripuladas de Moon Express pueden ser muy beneficiosas para la ciencia, ya que extraerán muestras de suelo no solo en la luna, sino también en otros planetas.

Su segunda nave espacial llevará un telescopio experimental del tamaño de una caja de zapatos para la Asociación Internacional de Observatorios Lunares. Algunos lugares cercanos al polo sur lunar, que ofrecen una visión continua del universo, podrían ser ideales para un observatorio astronómico.

Las zonas de la luna que disponen de luz solar eterna son unos recursos limitados y valiosos por los que las empresas privadas acabarán peleando en el futuro.

Richards compara este momento futuro con la fiebre del oro de California, cuando los buscadores de oro compitieron entre sí en la lucha por las parcelas más rentables. Sin embargo, está seguro de que en la luna los competidores lograrán ponerse de acuerdo entre ellos.

"No creo que haya verdaderos delincuentes", dice. Sin embargo, es muy posible que se produzcan disputas territoriales. No obstante, todos estos son problemas del futuro que tendrán que ser abordados en su momento".

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