Y después de la crisis originada por China, ¿qué?
Carlos Barria/Reuters
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¿Qué pasará con la economía mundial después de la caída del mercado de valores chino?

Ha sido un agosto duro para los inversores. Tal y como se ha repetido hasta la saciedad, se han retirado billones de dólares de los mercados bursátiles mundiales. Y esto ha hecho que muchos se cuestionen el estado de salud subyacente de la economía mundial y se pregunten qué vendrá después. En el fondo, cualquiera que se enfrente a este problema se está haciendo tres preguntas interrelacionadas:

  • ¿Cuán aguda es la desaceleración de China?
  • ¿Qué va a pasar con los productos básicos?
  • Y, ¿cuándo va a subir la Reserva Federal de EE. UU. los tipos de interés?

La dirección del mercado de valores chino es una cuestión de tercer orden, a pesar de toda la atención que se le prestó durante la semana pasada.

Importa poco a los inversores fuera de China, ya que la posesión extranjera aún está muy limitada, excepto quizá como un indicador de sentimiento. Importa solo un poco más a los inversores chinos, que siguen siendo un minúsculo subgrupo de la población china.

Sus giros radicales no nos dicen mucho acerca de la salud subyacente de la economía china.

La desaceleración de China

Así que, vayamos a la primera pregunta real: ¿cuánto se ha desacelerado China? El crecimiento es inferior al número de dos cifras que se veían en la década pasada. Según los datos oficiales, la economía sigue creciendo saludablemente al 7% al año, pero muchos analistas independientes acercan la cifra más al 5%.

Sigue siendo una tasa de crecimiento saludable para un país con el estado de desarrollo de China, y teniendo en cuenta que la economía de China es ahora mucho mayor de lo que era, el 5% en 2015 contribuye a la demanda mundial tanto como el 10% de la economía mucho más pequeña lo hacía en el siglo pasado.

La economía de China siempre hubiera tenido que desacelerarse, pero para entender el pánico que existe ante esto (y pánico es la palabra adecuada), hay que asumir una de estas dos cosas.

O bien los inversores no habían descontado previamente el hecho de que el crecimiento realmente iba a ralentizarse o están preocupados de que la ralentización sea aún mayor, algo por debajo del 5%.

El último episodio de la aversión al riesgo a nivel mundial comenzó con la decisión sorpresa de China de devaluar su moneda frente al dólar.

Muchos vieron esto como una señal de pánico entre los legisladores, un intento de impulsar las exportaciones y estimular el crecimiento.

La decisión fue mal comunicada y coincidió con la estrechez de los mercados en agosto (que además normalmente son más volátiles).

Pero, por si sirve de algo, sorprende como un movimiento fundamentalmente sensible para desacoplar parcialmente el yuan de un dólar creciente en un momento cuando es probable que el dólar continúe creciendo y las otras divisas asiáticas son débiles.

Esto no equivale a un abandono del «reequilibrio» de China lejos de las exportaciones e inversión y en dirección al consumo, sino un paso prudente para asumir más control de su propia política monetaria para no estar aprisionado (a través de una moneda semisujeta) por pasos dados por la Reserva Federal de EE. UU.

Los malos datos de fabricación chinos de la semana pasada reavivaron esos miedos sobre la magnitud de la ralentización, pero otros datos (especialmente el consumo), apuntan a un crecimiento más sano.

Débil demanda de productos básicos

Si el crecimiento está renqueando al 5%, entonces China tiene la difícil tarea de dirigir una transición económica y la forma de la economía mundial va a comenzar a cambiar pero fundamentalmente el crecimiento mundial no está en peligro. Si aunque esté realmente tan bajo como el 3% o incluso el 1% las recientes bajadas de los precios de activos son solo el comienzo.

En segundo lugar, está la cuestión sobre los productos básicos, y sobre todo el petróleo.

Los precios de los productos básicos se encuentran en su nivel más bajo desde 1999. Este es el núcleo del debate entre los «deflacionistas» y los «reflacionistas».

Para algunos esto muestra a una economía mundial en serios problemas, pues una débil demanda de productos básicos muestra una ralentización del crecimiento.

Pero para otros esto es principalmente una historia de oferta (tan solo observe el petróleo; la producción de EE. UU. ha aumentado).

Y los productos básicos más baratos crean lo que podría ser un pensamiento contraproducente de «fuerza desinflacionista para reflación» - precios más bajos del petróleo y de los alimentos impulsan la renta real disponible de las familias, lo que permitiría que hubiera más gasto en otros bienes. El petróleo barato ha sido un motor de crecimiento del Reino Unido y de la Unión Europea este año.

Parece cierto que la decisión de Arabia Saudí de mantener los niveles de producción altos el año pasado - interpretado por muchos como un intento de expulsar a los productores de esquisto estadounidense con mayores costes - ha fallado.

El esquisto estadounidense tiene dos motores: El primero fue el de los precios altos de petróleo, que hizo que la producción fuera económicamente sostenible. Este motor ha fallado.

Los productos de esquisto estadounidenses se vuelven eficientes

Pero había un segundo: el fácil acceso al crédito para mantener flujos de efectivo y crecimiento financiero. Y este motor, a pesar de ciertos signos de balbuceo, parece que sigue funcionando. Ante precios más bajos, los productores estadounidenses se están centrando en sus mejores campos y están aumentando su eficiencia.

Si los precios de los productos básicos continúan siendo bajos entonces - todo sigue igual - esto es una ayuda para los importadores en países en desarrollo y una carga para los exportadores de economías emergentes. Finalmente, existe la pregunta de cuándo va a aumentar la Reserva Federal los tipos de interés. Los mercados han estado esperando que esto sucediese en septiembre, pero ahora esto parece menos probable.

La perturbación de los mercados, el crecimiento mundial más lento, los precios más débiles de los productos básicos y un dólar más fuerte (y por ello menos presión inflacionista) dan munición a aquellos que instan a la Fed a que espere. Por otro lado, ceder no tiene coste cero. Puede parecer que «recompense» el mal comportamiento en los mercado (la Fed tiene muchas responsabilidades, pero apoyar los precios de los valores no es una de ellas).

El banco central puede ser reacio al retraso si se ve como un intento de hacerlo, lo que podría alentar un riesgo excesivo para el futuro.

Dirigir la transición de tipos cercanos al cero hasta una política más «normal» siempre iba a tener sus trucos. La Fed (como otros legisladores) ha apostado mucho a la comunicación, dejando claro que los tipos subirían de una manera gradual y controlada a un nivel inferior que en el pasado tenía como objetivo gestionar las repercusiones de un cambio en política.

Retrasar el aumento ahora podría dañar la credibilidad de tal esfuerzo de comunicación (habiendo sido bien marcado de antemano una subida en septiembre) y hacer más duro el trabajo eventual.

Muchos economistas están posponiendo sus estimaciones de subida de tipos de la Fed hasta diciembre o incluso marzo del año que viene. Mucho depende de cómo se desarrollen los mercados en las próximas semanas. Estas son las tres cuestiones reales a las que se enfrenta la economía mundial.

Es fácil quedarse atrapado en los movimientos en el mercado en el curso de un solo día o cómo las divisas o los índices de valores evolucionaron durante una semana.

Improbable recesión mundial

Pero siempre vale la pena dar un paso hacia atrás y ver la situación en su conjunto.

El crecimiento del Reino Unido y de Estados Unidos es relativamente sólido, no espectacular pero sólido. La eurozona parece estar atravesando una etapa de débil recuperación, a pesar de que es mejor que otros años, apoyada por una agresiva política monetaria.

Los bajos precios de los productos básicos son casi una cosa ambiguamente buena para el mundo desarrollado.

Pero al mismo tiempo esa situación más sana para el mundo desarrollado es una situación mucho más débil para los países emergentes.

El crecimiento mundial sigue sin estar en los niveles que se veían antes de 2008 y puede que nunca vuelva a ellos.

El patrón del crecimiento mundial está cambiando. Pero no parece que estemos al borde de otra recesión mundial.

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