Narendra Modi no tiene nada que perder
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Es hora de que el primer ministro de la India vuelva a los viejos proyectos a pesar de los impedimentos de la oposición.

Hace un año, recién elegido primer ministro de la India, Narendra Modi prometió llevar a cabo grandes reformas, entre las que se incluía modificar una ley que dificultaba enormemente que las empresas adquirieran terrenos para fábricas y proyectos de infraestructura.

Esta ambición la ha dejado más o menos aparcada, después de tropezar con la feroz resistencia de la cámara alta del parlamento, dominada por la oposición. Este retroceso llega justo cuando el crecimiento del PIB se redujo a un 7% en el segundo trimestre, decepcionando a aquellos que esperaban que India adelantara a una China tambaleante para convertirse así en la principal economía mundial de crecimiento más rápido.

Modi tiene que cambiar esta difícil situación y tiene que hacerlo lo antes posible. Los estados individuales pueden todavía impulsar reformas muy necesarias en la tierra y la mano de obra. Pero en el plano nacional, la oposición ha tenido éxito en tachar la agenda de Modi de capitalista y de ir en contra de los pobres.

Eso sitúa al primer ministro en una situación precaria, especialmente ante las tan importantes elecciones políticas que tendrán lugar próximamente en el estado de Bihar, principalmente agrícola.

Parte del problema es que Modi, a pesar de su habilidad legendaria como comunicador, no ha sabido explicar a los indios pobres cómo la reforma les beneficiará a ellos, además de a los grandes empresarios. Podría tener mejor suerte si deja por ahora de lado los temas más controvertidos y se centra más bien en otros sectores (entre ellos, la educación y sanidad), que afectan a la población de manera más directa.

Se requiere una reforma radical en estas áreas. Como señaló un informe de 2014 de McKinsey, la mitad del gasto público en servicios básicos en la India nunca llega a los ciudadanos comunes. Si bien la educación primaria y secundaria es gratuita, la calidad de las escuelas públicas es atroz: más del 90% de los niños indios están matriculados en la escuela primaria, pero ese número se reduce al 36% cuando los niños llegan a la educación secundaria superior.

Del mismo modo, el acceso a la asistencia sanitaria es deficiente. India tiene sólo un médico por cada 1.700 personas, muy por debajo de la recomendación de la Organización Mundial de la Salud de contar con un médico por cada 1.000. La esperanza de vida se sitúa en 66 años, lo que sitúa a la India en el puesto 139 de entre 194 naciones, por debajo de países como Bangladesh e Indonesia.

La India necesita reformas

Como señala McKinsey, no faltan buenas ideas sobre cómo mejorar los resultados para los estudiantes y pacientes. La prestación de la asistencia sanitaria pública y gratuita ha disminuido demasiado los recursos. Una mejor estrategia, que sugirió la semana pasada el propio grupo de expertos del gobierno NITI Aayog, sería la de cambiar a un sistema basado en seguros. Todos los ciudadanos contribuirían a un «Fondo de Enfermedad» y se les devolvería el dinero cuando recibieran atención médica, independientemente de si visitaran un hospital público o privado. El gobierno de Modi propuso un sistema similar para el seguro de vida y accidentes el año pasado, lo que permitía a los pobres acceder a los beneficios de una prima nominal. El gobierno podría proporcionar bonos para ayudar a los más pobres.

Un sistema de bonos también ayudaría a los escolares. Las escuelas del gobierno no sufren solo por la falta de fondos, sino también por no contar con maestros competentes. Según un estudio del Banco Mundial, el 25% de los maestros no iba a la escuela y solo la mitad daba clase. Dar a los padres la libertad de elegir las escuelas (ya sea pública o privada) alentaría la competencia y posiblemente mejoraría la calidad de las escuelas estatales.

Es importante destacar que uno de los éxitos centrales del gobierno hasta ahora ha sido la de sentar las bases para tales reformas, que requieren la transferencia de dinero en efectivo directamente a los pacientes y a los padres. En el último año, el gobierno ha abierto 175 millones de cuentas para la población que no tenía acceso a bancos. El sistema Aadhar de tarjetas de identidad únicas, que lo puso en marcha el gobierno anterior, ahora cubre a 870 millones de personas. Los funcionarios pueden estar seguros de que pueden entregar bonos en efectivo a los beneficiarios que lo merecen sin que el dinero sea retenido por intermediarios. El coste para el gobierno sería mucho menor que tratar de reformar los sistemas de educación y de salud pública desde cero.

Incluso los indios pobres han demostrado que están dispuestos a pagar por las clínicas y escuelas del sector privado, a pesar de los gastos a veces insostenibles. En lugar de luchar contra esta tendencia, el gobierno debe despejar la burocracia que impide que las nuevas instalaciones se construyan. Esto disminuiría los costes, mientras que la ayuda directa haría que los más pobres pudieran pagar las tasas.

Para algunos, estas reformas pueden parecer radicales en la India. Pero de eso se trata: las reformas no solo implican hacer la vida más fácil para los empresarios. Tales cambios tendrían un impacto inmediato en la vida de los pobres, incluso durante la búsqueda de la eficiencia en toda la economía. Modi podría comenzar de inmediato con el lanzamiento de programas piloto en los estados controlados por el Partido Bharatiya Janata, que podrían permitirle conseguir varias victorias rápidas. Llegados a este punto, tiene poco que perder.

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