El reto de ser bilingüe
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¿Hablar una segunda lengua hace que se pierda fluidez en la lengua materna?

Llevaba dos días en casa después de haber estado estudiando en el extranjero, cuando le pregunté a mi padre:

- «¿Puedo usar la washing machine? (lavadora)».

- «¿El qué?» Él no hablaba inglés. Yo eso lo sabía, por supuesto. Además, yo ni siquiera podía hablar bien inglés. De hecho, apenas había sido capaz de mantener una conversación durante la mayor parte de los seis meses que había pasado en el extranjero. Entonces ¿por qué cuando tenía que lavar la ropa, la única palabra que me vino a la cabeza fue la palabra en inglés?

- «Ya sabes… Lo que se utiliza para lavar la ropa. ¿Qué me está pasando?», pensé.

¿Cómo podría estar olvidando el español? Pensaba que lo hablaba perfectamente.

«¿Estás hablando de la lavadora?»

«¡Sí, eso!», dije, aliviado al reconocer un sustantivo que había utilizado durante más de 20 años. Esta afasia momentánea me asustó cuando me ocurrió por primera vez. Ya han pasado casi 10 años desde que tuve esta conversación y me he acostumbrado a momentos de este tipo. Me olvido de alguna palabra en español de vez en cuando. Ahora hablo inglés con fluidez y eso me enorgullece. Pero, ¿hablar una segunda lengua me ha hecho tener menos fluidez en mi lengua materna?

Judith Kroll cree que sí. Esta psicóloga estudia el bilingüismo y sus consecuencias cognitivas en la Universidad Estatal de Pensilvania. «Las dos lenguas de un bilingüe a veces convergen y a menudo compiten entre sí», dijo este fin de semana durante una presentación en la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia en Washington. Cuando hablo inglés, el interruptor cognitivo no se activa sin esfuerzo, si no que mi cerebro necesita elegir activamente el español cada vez que digo una palabra o construyo una frase. Incluso después de años y años de hablar inglés todos los días, puedo sentir este esfuerzo. Es agotador, y el cambio al español puede ser un alivio. Kroll dijo:

«Sobre todo en entornos de inmersión, es más difícil recurrir a la lengua materna e incluso es posible experimentar un momento de pánico».

No obstante, las personas que realmente desean aprender una segunda lengua necesitan experimentar este pánico. «El idioma nativo puede verse afectado durante el aprendizaje de un segundo idioma», dijo Kroll. «Pero eso puede ser un proceso crucial para aprender a regular la lengua». Los resultados preliminares de su propio laboratorio sugieren que «los alumnos que están en mejores condiciones para dejar que su lengua materna se vea afectada y sufren esas primeros consecuencias pueden ser más capaces de aprender un segundo idioma», dijo.

Además, tomar una decisión con cada palabra que diga puede suponer para el cerebro algo así como levantar pesas.

Cada vez que elijo «washing machine» en vez de «lavadora», o viceversa, mi cerebro se vuelve un poco más fuerte. Kroll piensa que este desafío cognitivo constante al que se enfrentan los bilingües puede ser el responsable de una mejora observada en lo que se denomina la función ejecutiva, o la habilidad de filtrar la información innecesaria y tomar decisiones.

Por supuesto, cualquier persona bilingüe le dirá que a veces no se molesta en hacer una elección. Cuando hablo con otras personas que hablan inglés y español, suelen mezclar los dos idiomas, y dicen cosas del tipo: «¿Quieres un toast?» o «I wanted to aprovechar the holiday and viajar un poco». Para maximizar los beneficios cognitivos de hablar dos idiomas, ¿es mejor dejar de mezclar y obligar al cerebro a ejercitarse cada vez que decimos algo? No. «En los 80, se decía que mezclar idiomas era algo patológico», dijo Kroll. «En realidad es algo normal y típico de la experiencia de ser bilingüe». Además, no es que el cerebro se esté relajando, ya que aún está eligiendo entre palabras en cada idioma. Lo único que ocurre es que no hace esta elección todo el tiempo.

Desde que me fui de España, era obvio que el español siempre iba a afectar a la forma en la que hablara inglés en el acento, en el vocabulario o en los errores que me avergonzaban. Pero desde el momento «lavadora», evolucionó mi forma de aprender. No tengo dos mentes monolingües que funcionan por separado en una sola cabeza. Tengo un cerebro bilingüe. ¿Desordenado? Sí. ¿Desconcertante? A veces. ¿Fuerte a nivel cognitivo? Eso espero.

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