Cómo los hábitos ayudan a alcanzar objetivos
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Los hábitos son las fuerzas que controlan nuestras vidas.

Todos nos proponemos metas, las cosas grandes o pequeñas que queremos alcanzar en un determinado límite de tiempo. Hay gente que quiere ganar un millón de dólares antes de cumplir los 30. Otros quieren perder 9 kilos antes del verano. Otros quieren escribir un libro en los siguientes 6 meses. Cuando comenzamos a perseguir un concepto intangible o vago (éxito, riqueza, salud, felicidad) el primer paso suele ser tener una meta tangible.

Los hábitos son procesos que funcionan bajo el contexto que mueve nuestras vidas. Los buenos hábitos nos ayudan a alcanzar nuestras metas. Los malos nos entorpecen. Ambos tipos afectan poderosamente a nuestra conducta automática.

La diferencia entre los hábitos y las metas no es semántica. Cada uno requiere diferentes formas de acción. Por ejemplo:

  • Si queremos aprender un nuevo idioma podemos decidir si queremos hablar fluidamente en 6 meses (meta), o podemos comprometernos a 30 minutos de práctica diaria (hábito).
  • Si queremos leer más libros. Podríamos ponernos el objetivo de leer 50 libros al final de cada año o decidir llevar siempre uno con nosotros (hábito).
  • Si queremos pasar más tiempo con nuestra familia, podríamos planear pasar 7 horas a la semana con ellos (meta), o elegir cenar todas las noches con ellos (hábito).

Los problemas de las metas

Cuando queremos cambiar un aspecto de nuestra vida, el primer paso más lógico es muchas veces marcarnos una meta. A pesar de que podamos ser elogiados por muchos como gurús de la autoayuda, algunas facetas de este enfoque presentan ciertos problemas.

Las metas tienen un punto final. Este es el motivo por el que mucha gente vuelve a su estado anterior cuando han alcanzado una determinada meta. Las personas corren maratones y después dejan de hacer ejercicio, o ganan una importante suma de dinero y poco después contraen una deuda. Otros consiguen el peso propuesto solo para estropearlo todo y ponerse las botas cuando lo celebran.

Las metas residen en factores que no siempre podemos controlar. Es inevitable que el hecho de alcanzar una meta no sea siempre posible, independientemente del esfuerzo realizado. Una lesión puede arruinar una meta deportiva. Un gasto inesperado podría sabotear una meta económica. Una tragedia familiar podría impedir una meta en un proceso creativo. Cuando fijamos una meta intentamos transformar lo que normalmente es un proceso heurístico en uno algorítmico.

Las metas se basan en la fuerza de voluntad y en la autodisciplina. Tal y como Charles Duhigg escribió en The Power of Habit:

La fuerza de voluntad no es solo una capacidad, es un músculo y como los músculos de los brazos o de las piernas, se cansa cuando trabaja mucho dejando así menos energía para otras cosas.

Mantener una meta en mente y usarla para encauzar nuestras acciones exige una constante fuerza de voluntad. Cuando usamos nuestra energía para otras áreas de nuestra vida, eso puede olvidarse fácilmente. Por ejemplo, la meta de ahorrar dinero exige autodisciplina cada vez que realizamos una compra. Mientras tanto, el hábito de meter en una cuenta de ahorro 50 dólares cada semana exige poco esfuerzo. Los hábitos, al contrario de las metas, facilitan las cosas que de otro modo serían difíciles.

Las metas pueden hacer que nos relajemos o nos precipitemos. Los estudios han mostrado que el cerebro de la gente puede confundirse con establecer una meta y alcanzarla. Este efecto es más pronunciado cuando se informa a los demás. Además, las metas que no son realistas pueden llevar a una conducta peligrosa o de falta de ética.

Los beneficios de los hábitos

“El hábito es la intersección entre el conocimiento (qué hacer), la capacidad (cómo hacerlo) y el deseo (quiero hacerlo), — Stephen Covey.

Cuando se han adquirido, los hábitos funcionan de forma automática.Los hábitos hacen fáciles las tareas que de otro modo son arduas — como ahorrar dinero.

La finalidad de un conjunto de hábitos bien elaborados es garantizar que alcancemos nuestras metas con pasos cada vez más avanzados. Los beneficios de un enfoque sistemático que nos conduzca a nuestras metas son los siguientes:

Los hábitos pueden indicar que no hemos enfocado bien nuestra meta. Por ejemplo imaginemos que una persona tiene la meta de escribir una novela. Decide escribir 200 palabras al día, por lo que tardaría 150 días. Escribir 200 palabras no requiere mucho esfuerzo y se puede hacer incluso en los días más ajetreados y estresantes. Sin embargo, algunos días ese pequeño paso lleva a escribir 1.000 palabras o más. El resultado es que se finaliza el libro en mucho menos tiempo, y ponerse la meta de “escribir un libro en 4 meses” habría sido intimidatorio.

Los hábitos son fáciles de desempeñar. Según expresó Duhigg;

Los hábitos son intensos pero delicados. Pueden aparecer de forma inconsciente o pueden diseñarse a propósito. Muchas veces aparecen sin nuestro permiso pero pueden ser readaptados si jugamos con sus partes. Forman parte de nuestras vidas bastante más de lo que nos damos cuenta — de hecho son tan fuertes que pueden hacer que nuestro cerebro se aferre a ellos y excluya todo lo demás, incluido el sentido común”.

Cuando desarrollamos un hábito, nuestra mente cambia realmente para facilitar la conducta que lo lleve a cabo.

Después de practicarlo durante 30 días, es más fácil adoptar un hábito que no hacerlo.

Los hábitos son para toda la vida. Nuestra vida se ordena alrededor de hábitos, muchos de ellos apenas imperceptibles. Según el estudio de Duhigg, los hábitos conforman el 40% de nuestras horas de vigilia. Esas acciones en ocasiones minúsculas que ayudan a conformar quiénes somos. William James (un hombre que conocía los problemas causados por los malos hábitos) resumía así la importancia de estos:

Toda nuestra vida, desde que tiene forma definida, no es otra cosa sino un conjunto de hábitos – prácticos, emocionales e intelectuales – sistemáticamente organizados para bien o para mal y soportándonos sin oponer resistencia hacia nuestro destino, sea cual sea este.

Cuando se interioriza un hábito, puede durar para toda la vida (a menos que se rompa por alguna razón).

Los hábitos pueden convertirse en algo más grande. Stephen Covey parafraseaba a Gandhi cuando explicaba:

Siembra un pensamiento, cosecha una acción; siembra una acción, cosecha un hábito, siembra un hábito, cosecha un carácter; siembra un carácter y cosecha tu destino.

En otras palabras, si construimos un solo hábito podemos conseguir un gran impacto en nuestra vida. Duhigg los llama “hábitos clave”.

Estas conductas pueden hacer que la gente cambie ciertas áreas relacionadas de su vida. Por poner un ejemplo, la gente que comienza a hacer ejercicio a diario termina comiendo más y bebiendo menos. De igual manera, los que abandonan un mal hábito pueden acabar sustituyéndolo por una alternativa positiva.

Los hábitos pueden ser todo lo pequeños que haga falta. Un consejo habitual para los que buscan crear un hábito es comenzar por poco. BJ Fogg, psicólogo de Stanford, recomienda “pequeños hábitos” como pasar hilo dental por un diente. Cuando se interioriza esto, el grado de complejidad puede ir en aumento. Si queremos leer más podemos empezar por 25 páginas al día. Cuando esto se convierte en parte de nuestra rutina, podemos aumentar el número de páginas y alcanzar así nuestra meta.

Por qué funciona el enfoque sistemático

“Primero hacemos los hábitos y luego estos nos hacen a nosotros”, — Charles C. Nobel.

Si cambiamos nuestro enfoque de dirigirnos a metas concretas a crear hábitos positivos a largo plazo, la mejora continua puede convertirse en una forma de vida. Esto se hace evidente en los hábitos documentados de muchas personas de éxito.

Warren Buffett lee todo el día para crear el conocimiento que necesita para sus inversiones.

Stephen King escribe 1.000 palabras al día durante 365 días al año (un hábito que él describe como “un tipo de sueño creativo”). Athlete Eliud Kipchoge toma notas después de cada sesión de entrenamiento para especificar en qué áreas se puede mejorar. Cuando estos hábitos se repiten cien veces durante años, no son accidentales. Si se hacen con regularidad, los beneficios de estas acciones no negociables se hacen más grandes y producen extraordinarios logros.

Mientras las metas se basan en la motivación extrínseca, los hábitos son automáticos. Literalmente reconectan nuestro cerebro.

Cuando pretendemos lograr algo en nuestras vidas, es bueno invertir nuestro tiempo en crear hábitos positivos en vez de concentrarnos en una meta concreta.

Fuente: Farnam Street

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