Agotamiento emocional: ¿Cómo ocurre y qué hacer al respecto?
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El agotamiento emocional es una reacción al estrés laboral crónico y afecta a los trabajadores más dedicados. ¿Cómo reconocerlo y tratarlo?

Supongamos una situación: tu compañero de trabajo que se incorporó a la empresa hace unos años, más o menos al mismo tiempo que tú, está avanzando rápidamente de un puesto interesante a otro. Sin embargo, parece que tú te has estancado a pesar de que tu manager reconoce tu entusiasmo. Tienes un deseo de crecer, pero por alguna razón, no la fuerza para hacerlo, es como si algo te estuviera impidiendo dar ese salto final hacia el avance deseado.

¿O te das cuenta de que la “empresa de tus sueños” tiene una oferta de trabajo “de tus sueños”, pero para obtenerla, tienes que volver a esforzarte al máximo una vez más? Pero, ¿qué tipo de empujón se puede esperar de ti cuando tienes un montón de correos electrónicos “Urgentes” esperándote que deberías haber contestado ayer y otro más que acaba de llegar a tu bandeja de entrada?

Si estás familiarizado con alguna de estas situaciones, podrías sentirse cansado e indiferente hacia tu trabajo, entonces es muy probable que estés sufriendo agotamiento emocional.

¿Qué me está sucediendo?

De acuerdo con la investigación presentada en el libro “Decide” de Steve McClatchy, más del 60% de los trabajadores se sienten agotados físicamente al final del día. Con frecuencia, el agotamiento emocional afecta a los trabajadores más dedicados que han superado las expectativas desde el principio de su empleo o a aquellos cuyas expectativas de su trabajo no se han cumplido. Esto también es común en el caso de profesiones asociadas a la “dedicación personal” como: médicos, profesores, personal de rescate y artistas. La cantidad de energía que recibe una persona termina siendo menor que la que está invirtiendo en su trabajo, lo que lleva a un agotamiento emocional.

Pero también hay una cuestión más fundamental en juego. Los historiadores afirman que un ser humano no está hecho para estar sentado en la oficina todo el día. En los albores de las civilizaciones, sus predecesores, que eran en gran medida similares a nosotros biológicamente, solían pasar mucho menos tiempo trabajando. Yuval Noah Harari en el libro titulado “Sapiens: A brief history of humankind” (Sapiens, una breve historia de la humanidad) dice que los humanos solo solían ir a cazar una vez cada tres días, y pasaban entre tres y seis horas al día en actividades de reunión. El resto del tiempo la gente se dedicaba a satisfacer sus pasatiempos o a socializar.

Además, estamos experimentando el estrés mucho más a menudo que nuestros antepasados. Nuestro cerebro, al igual que el cerebro de cualquier otro mamífero, está constantemente escudriñando la realidad circundante en busca de amenazas. Y no importa si es un peligro físico o social - nuestro sistema hormonal sigue el mismo mecanismo. Hace miles de años, nuestros predecesores, que eran similares a nosotros, estaban en peligro casi constante por los grandes depredadores. Hoy en día, las situaciones estresantes están detrás de casi cualquier esquina, ya sea en la forma de una caída de la tasa de cambio o un mensaje de enfado de tu jefe.

Otro problema que puede no parecerlo a primera vista es la multitarea. El ritmo con el que vivimos nuestras vidas se acelera constantemente, ahora tenemos que tomar decisiones sobre casi cualquier cosa en un espacio de varios minutos. Como resultado de esta sobrecarga, los cambios relacionados con la edad en la corteza prefrontal (la parte del cerebro responsable de las funciones cognitivas) pueden producirse antes que en las personas que no han sufrido desgaste emocional.

¿Qué hacer y cómo vivir?

¡Hackea tus “hormonas de la felicidad”! Esta es una pequeña lista de actividades que podrían ayudarte a elevar los niveles de producción en tu organismo:

  • Serotonina: un nuevo reto, experiencia, meditación, ejercicio, sueño saludable, aprobación;
  • Endorfinas: comida picante, chocolate negro, vídeos divertidos, entrenamientos agotadores, olores agradables;
  • Dopamina: ducha de contraste, sol, ideas claras;
  • Oxitocina: películas emocionales, masajes, regalos, comidas en grupo.

Duerme más. Es la manera más natural de reponer tu energía.

Si los dos primeros consejos no te son de ninguna ayuda, entonces vale la pena visitar al médico para realizar algunos análisis de sangre y que te mande algunas vitaminas. Por ejemplo, la vitamina D podría ayudar a fortalecer el sistema inmunológico y hacer que tengas más energía.

Piensa en tus metas. Intenta responder con toda la honestidad posible, ¿por qué estás trabajando? Si la respuesta es dinero, entonces tienes un problema. Si lo que haces te da más satisfacción emocional, entonces intenta recordar todas esas veces que la gente te ha dado las gracias por lo que has hecho. Convierte esos recuerdos en tu "Patrón" cuando una nueva ola de tareas de enormes proporciones caiga sobre tu cabeza.

También, con respecto a las pequeñas tareas. Cuando llegues a tu oficina, empieza el día con la tarea más urgente y odiosa. Al resolverla, recibirás un impulso y una sacudida de energía que te guiará durante el resto del día.

Y finalmente, habla con tu jefe. Si tienes un ser humano cuerdo como jefe, entonces quizás este consejo sea el más útil para ti. Pídele más autonomía si estás cansado de la microgestión. Habla con él o ella sobre una idea de proyecto que puedas tener, de la cual te gustaría formar parte. No tengas miedo de la responsabilidad, ser estático es el mayor enemigo.

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