8 cosas que te pasan justo antes de que tu vida cambie para mejor
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El cambio positivo suele plantarse en unas semillas inciertas, temerosas y ansiosas.

Esto no se debe a que la vida sea siempre injusta y a que toda la bondad deba ser compensada por el mal, sino simplemente a que no solemos pensar en cambiar nuestras vidas hasta que el cambio es la única opción que nos queda.

Estamos programados para la homeostasis. Estamos diseñados para permanecer en la comodidad.

No siempre es lo mejor para nosotros. Así que cuando todos nuestros esfuerzos para avanzar fracasan, las circunstancias que hacen que el cambio no sea una opción, sino la única posibilidad, tienden a aparecer.

En vez de tenerles miedo, deberíamos aprender a honrarlas, ya que en la mayoría de los casos hay algo bueno esperándonos al otro lado.

Estas son las 8 cosas que suceden justo antes de que tu vida cambie para mejor.

1. Un acontecimiento catalizador

A veces es evidente, mientras que otras es sutil.

Para muchas personas, el catalizador que les impulsa a empezar un proceso de desintegración positiva suele ser la pérdida de una relación importante, un trabajo o un miembro de la familia. De una forma u otra, algo que esperabas que existiera en un futuro previsible desaparece, y como resultado, tu sentido de seguridad también lo hace.

En otras ocasiones, este acontecimiento puede ser mucho más difícil de detectar. De hecho, es posible que ni si quiera te des cuenta de que ha pasado algo.

En cambio, lo que se ha plantado es una semilla de duda. Puede que hayas visto a un viejo amigo y eso te haya impulsado a evaluar tu progreso en la vida. Tal vez alguien cercano a ti está siguiendo adelante con su vida y te ha hecho volver a plantearse lo que realmente quieres. Tal vez tu estrés e insatisfacción simplemente han empezado a acumularse y te estás preguntando cuánto tiempo más vas a ser capaz de mantener la rutina actual.

Sin embargo, la vida casi nunca cambia para mejor, a menos que haya un interruptor presente, algo que nos haga cuestionarnos las cosas y atrevernos a cambiar.

2. Te ves obligado a salir de la negación

Lo que sucede con las cosas que perdemos es que ya llevan tiempo sin funcionar pero no nos hemos dado cuenta.

Con la excepción de la pérdida abrupta y repentina de un ser querido o el cierre de una empresa que se suponía que iba bien, por ejemplo, casi todo lo que perdemos en la vida lleva tiempo fallando.

¿Esa relación que acaba de terminar? Llevaba tiempo sin funcionar, por eso se ha acabado. ¿Ese trabajo que has dejado de repente? Llevaba tiempo sin funcionar, y esa es la razón por la que lo has dejado. ¿Ese estilo de vida que estabas desesperado por mantener? No eras tú, por eso no podías mantenerlo.

Aunque resulta muy difícil de aceptar, es importante reconocer que casi nada en la vida nos deja sin un propósito.

Es solo cuestión de cuándo aceptamos esta verdad.

3. Sientes oleadas de ira y miedo

Tras sufrir una pérdida, lo más normal es que atravieses un proceso de duelo. Todas estas emociones son extremadamente válidas.

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Es saludable y normal sentir ira cuando has cruzado un límite o te estás enfrentando a algún tipo de injusticia, es saludable y normal sentirte triste y asustado cuando la vida cambia abruptamente y no estás seguro de lo que va a pasar a continuación.

Cuanto más tiempo resistas estas emociones, más tiempo permanecerán.

Son parte del proceso de un gran cambio, y ofrecen las semillas de una sabiduría más profunda que está por venir.

4. Empiezas a procesar emociones y recuerdos antiguos

Antes de que te des cuenta, esta semilla ha brotado en otras mil espirales, todas las cuales te han hecho cuestionarte todo lo que eres, y todo lo que alguna vez esperaste ser.

La verdad es que esto no ha creado estos miedos y sentimientos, sino que simplemente los ha sacado a relucir.

Todo a lo que te aferrabas tan fuertemente era una forma de protegerte de estas emociones, muchas de las cuales habías enterrado tan profundamente en tu interior, que habías asumido que se habían ido para siempre.

Las emociones suelen permanecer dentro de nosotros hasta que nos dicen lo que necesitamos saber.

Ese mensaje no es que no valgamos nada y no seamos queridos. En su lugar, el mensaje suele ser que no nos estamos manteniendo dentro de las circunstancias de la vida que honran plenamente nuestro valor, y no estamos reconociendo cuán amados somos realmente, y por lo tanto, no estamos buscando relaciones en las que sentimos y vemos esa verdad reflejada en nosotros.

5. Ves la posibilidad de que hay un camino mejor

Por norma general, hacia el final del camino, justo cuando sientes la tentación de rendirte, es probable que vislumbres la luz al final del túnel.

Tal vez un día, de la nada, se te ocurra una idea novedosa, puede que te topes con alguien que casualmente tenga una oferta de trabajo perfecta para ti, tal vez alguien te anime a abrir ese negocio en el que llevas tiempo pensando, puede que conozcas a alguien especial, tal vez te mudes, puede que tengas la sensación de que cualquiera de esas cosas está en tu futuro inmediato.

De una forma u otra, empiezas a tener la sospecha de que existe la posibilidad de que haya algo realmente bueno esperándote a la vuelta de la esquina, pero en este punto, probablemente no te lo creas del todo. Está bien, no tienes que hacerlo.

Lo único que tienes que hacer es seguir avanzando.

6. Empiezas a hacer pequeños cambios

Con esas nuevas visiones en mente, empiezas a hacer pequeños cambios.

Tal vez todo tu procesamiento y la incomodidad han dado lugar a que cambies la forma en la que te peinas, o el enfoque de tu trabajo, o lo que haces en tu tiempo libre. Poco a poco, empiezas a adaptarte a tu nuevo yo. Encuentras nuevas verdades y nuevas rutinas que se adaptan a la persona en la que te estás convirtiendo, no a la persona que eras.

7. Das un gran salto

Por último, esos ajustes empiezan a sumar algo, y sabes que ha llegado la hora de dar un salto adelante.

Esto puede ser empezar un nuevo trabajo o dejar el anterior, mudarte o cambiar algo más de tu vida que hasta ahora pensabas era imposible cambiar.

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Esta parte del proceso es esencial, ya que es la más aterradora, y también la más importante.

Para introducir realmente cosas nuevas y positivas en tu vida, a menudo tienes que alcanzarlas. Esto significa que tienes que salir de tu zona de confort, pensar y actuar de formas totalmente diferentes, y creer en ti mismo y en tu visión más de lo que nunca has creído en otra cosa.

Este es el salto para el que el principio del proceso te estaba preparando.

Este era el sueño que se escondía profundamente dentro de ti, el que te empujaba a dejar ir lo que tenías antes, a abordar los sentimientos que bloqueaban tu visión y tu flujo, y el que finalmente está listo para convertirse en realidad.

Ha estado dentro de ti todo el tiempo.

Ha estado esperándote todo este tiempo.

Tan solo tenías que reunir el valor para elegirlo, y a veces, eso significa no darte ninguna otra opción.

8. Ves el propósito en el dolor

Finalmente, has superado el avance y has empezado tu nueva vida.

Si tienes suerte, has llegado lo suficientemente lejos como para comprender que había un propósito en todo esto, especialmente en los momentos incómodos.

Si eres lo suficientemente consciente, te darás cuenta de que si no hubieras estado tan incómodo en un principio, habrías pasado el resto de tu vida con sueños no realizados, conteniéndote de pequeños e irracionales miedos, y viviendo la mitad de la vida a la que estabas destinado, todo porque no tenías el valor suficiente para cambiar.

A veces, cuando no avanzamos sin esfuerzo hacia lo que estamos destinados a hacer, nos creamos circunstancias que hacen imposible hacer otra cosa que no sea avanzar.

El destino no es algo que se pueda negar.

La vida suele trabajar a nuestro favor, incluso cuando parece que todo a lo que nos enfrentamos es a la adversidad, la incomodidad y el cambio.

Tal vez, en esto, puedas encontrar algo de paz.

Puede que te des cuenta de que tus emociones no son algo que debas temer, ya que la tormenta suele despejar los cielos y riega las semillas de la vida que habías estado pidiendo, soñando y planeando todo el tiempo.

Tan solo necesitabas un empujón.

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