5 formas en las que te estás haciendo daño a ti mismo
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Si sueles sentirte infeliz, ansioso o autocrítico, es bastante probable que el problema esté en la forma en la que te hablas a ti mismo, esa voz que tienes dentro de tu cabeza que narra los acontecimientos de tu vida diaria.

A pesar de que todo el mundo tiene esa voz interior, la de algunas personas es demasiado negativa y extrema:

Dios mío, ¿por qué soy tan idiota?

Sabía que no me iba a gustar este sitio. No sé ni siquiera por qué lo intento.

Si tuviera más confianza, todo sería más fácil.

Si estas frases te resultan familiares, es muy posible que la fuente de tu infelicidad se encuentre en la forma en la que te hablas a ti mismo.

La forma en la que nos hablamos habitualmente determina cómo nos sentimos.

Por suerte, deshacer estos patrones negativos y liberarte de la ansiedad, la vergüenza y la infelicidad que se derivan de ellos es posible.

Y el primer paso es ser más consciente de tu discurso interior negativo. A continuación te presentamos 5 de los guiones más comunes del discurso interior negativo que hacen a la gente miserable.

Aprende a reconocerlos en tu propia vida y estarás más cerca de disfrutar de un estado de ánimo más positivo y una mente más feliz.

1. Juzgar tus emociones

Lee lo siguiente muy despacio: Nunca te juzgues por cómo te sientes.

La razón es muy simple: No puedes controlar directamente cómo te sientes. Y no tiene sentido juzgarte por cosas que no puedes controlar.

Por ejemplo:

No debería sentirme tan ansioso todo el tiempo...

Algo no va bien... No debería sentirme tan triste en mi primer día de vacaciones.

¿Por qué siempre me siento tan triste? Tengo una buena vida, debería ser feliz.

Juzgarte a ti mismo por cómo te sientes es tan absurdo como juzgarte a ti mismo por lo alto que eres.

Por desgracia, cuando te acostumbras a juzgar tus emociones y sentimientos, creas un escenario sin salida y acabas sintiéndote mal por sentirte mal, los ingredientes perfectos para la infelicidad crónica.

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Así que deja de decirte a ti mismo cómo debes sentirte y empieza a aceptar cualquier sentimiento que aparezca.

Puede que no te guste sentirte mal, pero eso no significa que sea malo sentirte de esta forma.

2. Autoetiquetarte

¿Alguna vez te has dicho cosas así?:

¡Vaya, qué idiota soy!

¿Por qué soy un fracaso todo el tiempo?

Soy tan idiota. No me extraña que la gente siempre se vaya...

Entérate, no es así como realmente eres.

Eres un ser humano, lo que significa que eres casi infinitamente complejo y matizado.

Piénsalo.

Por supuesto, puedes sentirte estúpido muchas veces, pero eso no significa nada sobre tu inteligencia.

Puede que te sientas un fracaso cada vez que cometas un error, pero eso no significa que lo seas.

Puede parecer que eres un imbécil justo después de que actúes como tal, pero eso no significa que siempre seas un imbécil.

Ahora puede que entiendas a lo que nos referimos intelectualmente. Sin embargo, el problema es que, aunque comprendas que etiquetarte con unos términos demasiado simplistas y negativos no es técnicamente exacto, si es algo que repites continuamente en tu discurso interno, así es como acabarás sintiéndote.

Si deseas ser una persona más feliz y segura de ti misma, tienes que negarte a encasillarte en categorías.

3. El razonamiento emocional

Todos sabemos que es más fácil hacer cosas difíciles cuando nos sentimos bien:

Es más fácil ir al gimnasio cuando nos sentimos llenos de energía.

Es más fácil trabajar en ese proyecto creativo tan duro cuando nos sentimos inspirados.

Es más fácil mantener esa difícil conversación con nuestro cónyuge cuando nos sentimos bien descansados y seguros.

Sin embargo, la cuestión es esta:

No siempre te vas a sentir bien. Y si esperas a actuar hasta que te sientas bien, al final no acabarás haciendo mucho.

Cuando tienes el hábito de decirte a ti mismo que tienes que sentirte de cierta forma para hacer algo difícil, te estás preparando para una infelicidad crónica y una baja autoestima.

¿Habría ganado Michael Jordan seis campeonatos si solo practicara cuando le apeteciera?

¿Habría sido Beethoven un compositor de fama mundial si únicamente hubiera trabajado en la música cuando se sentía motivado?

¡Por supuesto que no!

La relación entre sentimiento y acción es una calle de doble sentido.

Claro, sentirte bien facilita la acción. Pero actuar lleva a sentirte bien:

Ir al gimnasio a pesar de cómo te sientes te hace sentirte bien y aumentará tu motivación para ir más veces.

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Trabajar en esa novela a pesar de la falta de inspiración lleva a un sentimiento de logro y orgullo.

Tener esa conversación difícil sobre sexo con tu pareja a pesar de sentirte avergonzado te llevará a sentirte más seguro en tu relación.

Siempre es posible adoptar medidas a pesar de no sentirlo. Y de hecho, es la única forma de que sucedan cosas realmente significativas e importantes.

Sin embargo, nunca lo conseguirás si sigues diciéndote a ti mismo que solo puedes hacer las cosas si te apetece.

4. La lectura de la mente

Por mucho que creas conocer a alguien, conocer los pensamientos y emociones que pasan por la cabeza de otras personas en un momento dado no es siempre fácil.

Desafortunadamente, cuando las cosas no van bien, tu cerebro suele asumir lo peor: se preocupa, y generalmente piensa que el mundo se está acabando.

Combina eso con el hábito de decirte a ti mismo que sabes lo que otras personas están pensando y sintiendo y acabarás creyendo que todo el mundo piensa lo peor de ti todo el tiempo.

Y probablemente no haga falta decirte que esa es una forma bastante miserable de vivir.

Esta es una buena alternativa: En vez de adivinar lo que la gente está pensando, intenta preguntarles.

Se necesita algo de valor para hablar y ser asertivo, pero al final, te sentirás mucho más tranquilo y seguro cuando no proyectes tus peores miedos e inseguridades a todos los que están en tu vida.

5. La adivinación

Además de la lectura de la mente, otro de los superpoderes que la mayoría de los humanos no poseemos es el de la adivinación.

Simplemente no es posible ver el futuro y saber con seguridad cómo van a salir las cosas.

Y aunque es posible que estés de acuerdo con nosotros técnicamente hablando, es sorprendente la frecuencia con la que nuestras conversaciones sugieren lo contrario:

Nunca seré lo suficientemente bueno para formar parte del equipo ejecutivo de la empresa.

Nunca seré lo suficientemente agradable para que alguien quiera casarse conmigo.

Nunca seré lo suficientemente encantador para mantener conversaciones normales con la gente.

Si estás constantemente prediciendo que tu futuro va a ser un desastre, no debería ser una sorpresa que te sientas como un desastre todo el tiempo.

Sin embargo, saber intelectualmente que todas tus predicciones sobre el futuro son probablemente un poco irreales y exageradas no es suficiente. ¡La perspicacia no es suficiente!

Son tus acciones y tus hábitos - y especialmente tus hábitos de cómo te hablas a ti mismo - los que van a determinar cómo te sientes.

Si deseas sentirte menos preocupado por el futuro y más optimista sobre el futuro de tu vida, deja el hábito de predecir el futuro.

Recuerda que por muy desesperadas que parezcan las cosas ahora, nadie conoce el futuro a ciencia cierta. Lo que significa que tus posibilidades son probablemente mucho más grandes y brillantes de lo que piensas.

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