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El drama de la presidencia de Maduro podría acabar en tragedia.

El período de Nicolás Maduro como presidente de Venezuela ha presentado alusiones de Shakespeare desde el principio. Al ascender al poder en 2013, afirmó haber hablado con el fantasma de Hugo Chávez, insistiendo en que el cáncer que acabó con la vida de su predecesor fue una conspiración de la CIA.

Nuestra revolucionaria Hamlet es ahora un Macbeth tropical. Vilipendiado por sus súbditos y cada vez más aislado, se pasa la etapa presidencial recitando soliloquios desafiantes contra los enemigos fuera del escenario.

En este contexto, Venezuela se dirige hacia el abismo. El Fondo Monetario Internacional prevé una contracción económica del 8% para el 2016; la tasa de inflación es la más alta del mundo; la electricidad y el agua corriente son lujos. Los alimentos y medicamentos son escasos. Los precios del petróleo están muy bajos y una pesada carga de deuda no deja suficiente dinero para las importaciones.

Sin embargo, Maduro se muestra reacio a cambiar las políticas fiscales y monetarias insostenibles que heredó de su predecesor o a aceptar ayuda del exterior. Es cada vez más difícil decir si solo se está aferrando al poder a cualquier precio o está hundiendo a su país.

¿Qué llevó a Nicolás Maduro al poder en Venezuela?

Después de haber declarado el estado de excepción, Maduro ha visitado a los estados insulares vecinos. Aparentemente realizó estas visitas con el propósito de recaudar dinero en efectivo e intentar mejorar las relaciones con los miembros de la Organización de los Estados Americanos, que el martes pasado había empezado a tomar medidas contra Venezuela para defender la democracia en la región, una reprimenda inusual que antes solo se había empleado para los países que sufren crisis como golpes de estado.

Aunque en el extranjero habría hecho bien en controlar los precios de los inmuebles: dado los miles de millones de petrodólares que han desaparecido durante su mandato y el empeoramiento de las condiciones sufridas por su pueblo, su jubilación en Venezuela puede que no sea una opción.

El viaje demostró el aislamiento que sufre el revolucionario heredero de Chávez. Con la suspensión de Dilma Rousseff de la presidencia de Brasil, Maduro ha perdido su último poderoso aliado en la región. Atrás han quedado los días en los que los principales países sudamericanos, excepto Colombia, eran de izquierda y populistas.

El hecho de que Maduro, al igual que Rousseff, no finalizará su mandato de seis años parece indiscutible. La tendencia en la región a los ciclos de expansión y recesión económica y los levantamientos populares muestran que la mayoría de las constituciones de los estados de América Latina incluyen válvulas de escape que funcionan como votos de no confianza. Venezuela no es la excepción y la oposición ha iniciado un proceso de destitución del presidente con la recogida de más del número necesario de firmas.

Sin embargo, a diferencia de Brasil, las instituciones de Venezuela carecen de la independencia y los incentivos para que dichos procesos constitucionales sigan su curso. La Constitución determina que si el presidente no renuncia hasta el 10 de enero del próximo año, en realidad puede designar a su sucesor en lugar de celebrar unas elecciones inmediatas en las que seguramente perdería.

Dado que el gobierno de la oposición investigaría y procesaría los casos de corrupción de la era revolucionaria, los burócratas y jueces del chavismo están trabajando al unísono para retrasar el proceso hasta esa fecha -tanto para proteger su propia impunidad como a Maduro.

Si tienen éxito, el partido podría comprar una aplazamiento de la ejecución de dos años. Sin embargo, al caminar en la cuerda floja -causando la desestabilización suficiente para justificar los retrasos en el proceso de destitución pero no lo suficiente como para que las masas o los militares provoquen un derrocamiento absoluto - el régimen está jugando un juego peligroso.

La mayoría de los venezolanos quieren que Maduro termine su mandato y la agitación popular no parece cesar. La situación puede desembocar en una agitación social sin precedentes. Consciente de esto, Henrique Capriles, el ex candidato presidencial de la oposición, hizo un llamamiento a los militares:

"Llega la hora de la verdad. Es hora de decidir si estáis con la Constitución o con Maduro."

Sin duda, Capriles encontrará partidarios en las fuerzas armadas de Venezuela, aunque muchos tienen tantos motivos para temer el fin de la impunidad revolucionaria como los burócratas. Es probable que la lamentable Tragedia de Venezuela, ahora en su acto final, acabe con la violencia.

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