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En el mundo de la geopolítica y la economía reina una sensación de incertidumbre. Sin embargo, los inversores no se apresuran a convertir sus activos en efectivo.

¿A qué se debe?

Hay múltiples razones, pero en última instancia, se puede atribuir a una pérdida de confianza.

Para quienes lo hayan olvidado, solo en 2020, la Reserva Federal, el Banco Central Europeo y el Banco de Japón aumentaron colectivamente sus balances en la asombrosa cifra de 8 billones de dólares. Esto ha provocado una devaluación de las monedas y una disminución de los ahorros de la gente.

Aunque los reguladores han aplicado políticas para reducir sus balances, más conocidas como endurecimiento cuantitativo (QT), la perspectiva de volver a los niveles anteriores parece por el momento un sueño lejano.

Tomemos, por ejemplo, el balance del Eurosistema, que a mediados de agosto era de 7,2 billones de euros, frente a los 4,7 billones de finales de 2019. Aunque se trata de una mejora respecto a los 8,6 billones de euros de finales de 2021, sigue siendo insuficiente.

En cuanto a Estados Unidos, la Reserva Federal ha reducido gradualmente su cartera de bonos en aproximadamente 95.000 millones de dólares al mes durante el último año. Esto equivale a solo alrededor del 1% de sus tenencias totales cada mes, lo que se consigue absteniéndose de comprar nuevos valores.

Como resultado, el saldo se ha reducido a unos 8,2 billones de dólares, un 8,5% menos que el máximo alcanzado en abril de 2022. Sin embargo, sigue siendo sustancial si se compara con las medidas históricas, muy similar a la situación del regulador europeo.

La situación en Japón es aún más preocupante.

En lugar de reducirse, el Banco de Japón ha estado comprando bonos del Estado a un ritmo sin precedentes este año. Se calcula que sus compras alcanzarán los 124,6 billones de yenes (857.000 millones de dólares), lo que supone un aumento del 12% con respecto a 2022.

Dadas estas circunstancias, no está claro por qué el efectivo se consideraría una opción atractiva.

Además, la digitalización de la economía plantea otro reto. Los reguladores llevan un par de años trabajando en el desarrollo de monedas digitales de bancos centrales (CBDC), con el objetivo de simplificar las transacciones para la población en general.

Sin embargo, es difícil determinar el éxito que tendrá esta campaña. En general, existe una falta de confianza entre la población con respecto a esta innovación, lo que podría dar lugar a un aumento de la demanda de activos digitales alternativos.

Para quienes prefieran no depender del efectivo, el bitcoin usd u otras criptomonedas, existen instrumentos de protección, como el oro (XAUUSD), así como los bonos que ofrecen una rentabilidad decente, gracias a las medidas adoptadas por los bancos centrales.

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